Iñigo Larrainzar

Etapa 6: avistando la meta

Y por fin llegó el último día, el último despertar con la canción de The Luminiers, el último desayuno con los demás supervivientes de la prueba, y los últimos 53 km, que para lo que habíamos hecho día tras día, eso iba a ser pan comido. Ese día es como un regalo para todos, en el ambiente se nota que todos estábamos más relajados y que era un día para disfrutar del premio que todos nos merecíamos. Pese a todo, seguimos llevando la rutina de los días anteriores en cuanto a desayunos y preparación. En mi caso visita obligada al servicio médico para ponerme bien los apósitos en mi maltrecho culo y después a preparar bien la mochila por si surgiera cualquier imprevisto. Antes de salir, me fui en busca de nuestro mecánico Félix y de Nacho, el fisio. Siempre, antes de cada etapa, era como una religión estar un ratito con ellos para recoger la bici, que siempre nos la tenían niquelada, y para desearnos suerte.

Nacho y Félix son dos de nuestros compañeros de equipo de los que nunca o casi nunca se habla, puesto que uno es el fisio y el otro el mecánico, como he dicho antes. Serían equiparables a un utillero de un equipo de futbol, del que nunca se sabe nada pero que sin él todos los jugadores estaríamos perdidos. Sin embargo yo sí que lo voy a hacer. Desde estas líneas quiero que tengan su merecido agradecimiento, puesto que sin ellos más de uno igual no hubiésemos llegado a la meta. No sé si lo leerán o no, pero ahí va a quedar. Que sepáis que sin vuestra colaboración, sin vuestra puesta a punto, de las bicis en cada etapa por parte de Nacho, siempre atento a solucionar cualquier imprevisto, siempre repasando hasta el más mínimo detalle por si se nos olvidaba algo, y de esos increíbles masajes recuperadores por parte de Félix que nos daban la vida cada noche (era llegar reventados, ir al encuentro de Nacho y, nada más verte, te daba cita para ponerte en sus manos salvadoras), nuestro paso por la Titán no hubiera sido el mismo. Recuerdo que en las dos primeras etapas, cuando llegaba, Félix me preguntaba qué me dolía… en la tercera ya no tenía que preguntar porque el dolor se extendía por todo el cuerpo, así que se lo poníamos fácil. Estos dos fenómenos, además de hacer muy bien su trabajo, siempre tenían tiempo para disfrutar de unas buenas risas a la hora de la cena, cosa que se agradecía porque ya pasábamos bastante penuria durante el día. Así que muchísimas gracias chavales por compartir esta experiencia con nosotros, ha sido un autentico placer…

Pues bien, a todo esto llegaron las nueve de la mañana, era un día tan relajado que hasta la organización nos concedió una horita más de sueño, normalmente la salida era a las ocho y hoy una hora más tarde, cosa que mi cuerpo lo agradeció. Tomamos la salida Ecequiel y yo juntitos como una buena pareja y también nos acompañaba Riki Abad, ese pedazo de máquina humana que ese día decía que se lo iba a tomar con calma (a los 20 segundos de dar la salida lo habíamos perdido, jajajajajaja….con calma…). Pese a que era la última etapa allí no se relajaba ni dios. Se salió otra vez a toda pastilla, yo no me lo podía creer, después de toda la puñetera semana sufriendo y la gente tenía ganas de seguir dandole zapatilla a la bici. Al principio quisimos ir con los de cabeza del pelotón pero enseguida me dí cuenta de que ni me apetecía, ni me merecía la pena, puesto que me daba igual quedar el 100, el 200 o el último. Mi objetivo de disfrutar la experiencia había salido a la perfección y no la iba a cagar el último día. Así que Ece y yo cogimos nuestro ritmo y poco a poco fuimos avanzado hasta el kilómetro 20, donde de repente nos dimos cuenta de que nos estaba esperando nuestro compañero Jorge Sanz, que normalmente cuando nosotros estábamos en ese km él ya estaba disfrutando de una Coca Cola y dándose el masaje. Pues bien, ese día había decidido acompañarnos como buen compañero que es, en nuestra última aventurilla juntos. Nos cogió y nos dijo, poneros a rueda que os voy a llevar en volandas hasta la meta, y redios que si lo hizo. Se puso a rodar a toda leche, con un viento en contra que a nosotros nos hubiese hecho ir a pedo burra, y daba igual que fuésemos cuesta arriba que cuesta abajo, él seguía y seguía, hasta que al cabo de un rato miré hacía atrás y vi que mi jefe de filas Ecequiel se nos había quedado descolgado.

A mi compañero, eso de ir a rueda no le gusta mucho, se agobia teniendo que ir mirando todo el rato la rueda del de delante y copiando cada movimiento que haga. Ece es más de ir a su bola, con su rítmico pachangueo hasta que le da el tabardillo y se pone a ciclar a todo lo que le den las piernas. Bueno, pues después de bajar un rato el ritmo, nos ponemos otra vez a seguirle a Jorge que esta vez sí que nos pone un ritmo un pelin más relajado que hace que tanto Ecequiel como yo vayamos con un ritmo más acorde con lo que necesitaban nuestros cuerpecillos en este último día de la Titán. Avanzamos los km y no paramos de decir chorrada tras chorrada en busca del final. Llegó un momento en el que Jorge disfrutó de otra carrera muy, muy diferente a la que él está acostumbrado, un ritmo en el que a él le podía sobrar un pedal, porque para él ir con nosotros es un paseíto por el Paseo del Arga, para que me entendáis. Ese día se lo pasó en grande, se dio cuenta de que hay muchas maneras de disfrutar las aventuras, pueden ser en plan “voy a intentar quedarme lo más adelante que pueda en la clasificación”, o “ voy a disfrutar de todo esto”. Nosotros somos más de lo segundo porque no podemos optar a lo primero….. Ese día Jorge descubrió paisajes que no había visto ninguno de los días anteriores, disfrutó de compañía, disfrutó de buenas charlas sobre la bici admirando el paisaje que teníamos alrededor, y se echó unas risas con nosotros de la leche, cosa de la que me alegro un montón. Paramos en un avituallamiento durante un rato mucho más considerable de lo que él está acostumbrado, vio como eran nuestras etapas cotidianas, y hasta le vi parar y sacar la cámara de fotos e inmortalizar el momento. La verdad que fue genial poder hacer esa etapa los tres juntos.

Con la tontería, entre risa y risa fuimos llegando al final del camino, la última etapa, los últimos metros para acabar y, si os digo la verdad, tenía una sensación extraña porque sabía que ahí se acababa una aventura de la que había disfrutado un montón y en cierta medida no quería que se acabase. No quería no tener que levantarme al día siguiente y no poder salir a ciclar con mis compañeros por sitios increíbles por descubrir, no quería que se acabase esa convivencia en el campamento con el resto de compañeros, y no, no quería que se acabasen esos momentos únicos que ya no se volverán a repetir….. bueno eso no se sabe, quizás el año que viene estemos ahí otra vez.

Llegamos a los últimos 500 metros y nos preparamos para cruzar la meta, momento en el que a Ecequiel se le cruzó un cable y quería llegar esprintando. Jorge y yo nos descojonamos y le dijimos al muy venao que levantase el pedal y entrásemos juntos como buenos compañeros y amigos que somos…..

Vimos la meta, con toda la parafernalia que la organización había preparado y la adrenalina volvió a recorrer mi cuerpo. Estábamos a punto de poner la guinda, de llegar a la cima de esa gigantesca montaña que habíamos tenido que ir conquistando día a día. Atrás quedaban ya todas las penurias que habíamos tenido que ir sorteando a lo largo de esos interminables días. Atrás quedaban los dolores de piernas, de espalda, de culo, brazos y cuerpo en general, el calor, la sed, las dudas que te agobian a diario pensando si seré capaz de llegar en cada etapa o no, las noches de mal dormir. Todo esto se te puede pasar por la cabeza en más o menos el minuto y medio que nos costó llegar a la meta.

 

Entré junto a Ecequiel, cómo no, mientras Jorge se quedaba a escasos metros inmortalizando el momento. La sensación de alegría es increíble, lo disfruto al máximo con mis compañeros, pero nada más cruzar la meta me separé porque no era capaz de aguantar tantos sentimientos y emociones que se me venían a la cabeza. Necesitaba un par de minutos de intimidad, dentro de toda la algarabía que se vivía en la linea de meta, y me separé unos metros para echar un par de gritos y desahogarme un poquillo de todo el estrés que la prueba te va metiendo día a día. Pasado este paréntesis íntimo para mi solo, fui al encuentro de mis amigos, ECEQUIEL, JORGE, PEPELU, JUAN LUIS AZCONA, NACHO, FÉLIX, ABEL… cada uno de ellos a su manera nos transmitieron su alegría por haber terminado y la compartimos juntos. Muy especiales fueron las felicitaciones tanto de Juan Luis como de Pepelu, los dos super titanes que nos habían acompañado, cuidado, animado, estimulado, compadecido, y sobre todo, nos habían mimado como si fuésemos sus hijos. El abrazo final, el de la última etapa, fue un abrazo que abarcaba todas y cada una de las etapas diarias, un abrazo tan sincero que hace que lo recuerde y se me pongan los pelillos de punta. GRACIAS A LOS DOS, y lo pongo en letras bien grandes como grandes sois vosotros dos, os quiero tios.

Seguido de los abrazos, lloros y emociones varias llegó el momento de recibir el pedrusco de FINISHER que te acredita como “corricolari” que ha terminado la Titán, seguido del momento de gloria a modo de fotos para la posteridad. Entramos en el photocall y dejamos la foto inmortalizada para siempre. De ahí, directos a recoger también un maillot que te dan por haber acabado. Me lo probé para ver que me quedaba niquelado para poderlo lucirlo súper orgulloso los 364 días restantes del año.

Y ya por fin llegó el momento de pillar un Jeep que nos llevó hasta el hotel donde pasamos la última noche. No me lo podía ni creer, ese día íbamos a dormir en una cama como dios manda. Teníamos nuestro baño, nuestra ducha con un buen chorro a presión que te quitaba el hipo. Por dios, qué gustazo da el poder asearte en un sitio tan limpio, con todas las comodidades que nos ofrecía la habitación, no sé ni el rato que pude estar debajo de ese chorro, creo que fue directamente proporcional a todo el poco tiempo que teníamos a diario en las precarias duchas que la organización ponía a nuestra disposición después de cada etapa, que, por otro lado, era bastante vistas las circunstancias de donde estábamos. Así que después de esa buena ducha nos tomamos todos un buen rato de relajación. Estábamos toda la cuchipanda en el mismo pasillo del hotel y fuera de las habitaciones había una buena terraza en la que se podía disfrutar de unas vistas espectaculares del desierto, además era el mejor sitio para pillar Wifi, así que pillamos unas Coca Colas y agua y fuimos apareciendo todos en la terraza para disfrutarlo.

A mí me dio por sacar una silla de la habitacion para estar más relajado, ya que mi maltrecho culo me había vuelto a recordar que estaba ahí y que estaba malherido. Salí a la terraza con mi silla, mi Coca Cola y a pillar wifi como un loco para haceros llegar a todos el final de la etapa, y lo hice como dios me trajo al mundo, tan natural como la vida misma, pero, en fin, no lo voy a contar, es mejor una buena imagen que querer explicarlo con palabras…….. Estando ahí sentado fueron apareciendo los colegas y fue Abel (este inquieto Youtuber) el que desenfundó su movil y pilló la instantánea de la relajación. Los demás, especialmente Ecequiel, no se lo podían creer, salir de la habitación y verme allí en pelotas sentado en una silla tan relajado que me podía haber echado una buena siesta, y ¡qué leches! me lo merecía después de toda la semana que llevábamos. El poder estar en la terraza del hotel con unas vistas cojonudas y una Coca Cola bien fresquita era lo mínimo que podía hacer. Estar ahí y compartirlo con todos vosotros, espero que no os escuezan los ojos jajajajajajjajajaja…..

Pasada un hora ya nos fuimos a comer y seguido nos echamos una siesta de mil pares…. increíble poder echar una siesta en condiciones, en esa pedazo de cama, que para lo chiquito que soy podían entrar tres como yo…. ¡que a gusto, joder! Ya todo era un disfrute que no veas. Siestita, ducha y a pillar un Jeep que nos llevaba al hotel donde se hacía el fin de fiesta. Ahí nos juntamos todos otra vez y estuvimos de cháchara hasta la hora de cenar. Nos pegamos un pequeño homenaje, en comparación con lo que cenábamos el resto de los días, y de ahí a la terracita a seguir desgranando lo que había significado la aventura para cada uno de nosotros. Lo malo fue que la gasolina que teníamos se fue acabando muy rápido y nos fuimos a sobar prontito, quizás porque ya teníamos el hábito pillado de toda la semana.

El día siguiente fue muy extraño. Me volví a levantar con el que fue mi compañero de habitación y de jaima durante los últimos días, pero ese día ya no era iguaL. Qué era eso de levantarse y tener una ducha, tener un váter y un aseo para nosotros solos, sobre todo cuando llevaba casi una semana duchándome con un pequeño chorrito de agua, y del baño mejor ni os hablo. El mejor váter que tuve fue el propio desierto porque era mejor aventurarse a hacer tus necesidades en el desierto que jugártela en los baños comunes en los que te podías jugar el culo y alguna cosa más también… así que ese día no me lo podía ni creer, qué placer por dios. Cuando te pasan estas cosas y vives estas experiencias te das cuenta de lo que dejas en casa, cómo se echa de menos las comodidades que tenemos en nuestras casitas. A más de uno o de una no le vendría mal tener una vivencia de éstas para valorar realmente lo que se tiene en casa. Después de acicalarnos bien, directos a por un buen desayuno, me puse hasta las cartolas viendo todo lo que teníamos para zampar, a tomar por saco toda la rigidez y la obligación que me había autoimpuesto durante la semana para minimizar los riesgos de pillar un cagalera. Una hora después de haber empezado a desayunar nos fuimos a por las maletas y de ahí directos al autobús que nos llevaba hasta el aeropuerto.

Otra vez, como hace seis días, nos encontrábamos en el mismo punto de partida, en ese pedazo de aeropuerto a la espera de coger el avioncito que nos llevaba hasta casa. Tardamos un rato pero al final llego la hora de embarcar y de pasar tres horas en el avión hasta llegar a Madrid. Justo antes de aterrizar nuestro jefe de filas, Ecequiel, tuvo la última sorpresa de esta edición de la Titán, puesto que ese mismo día cumplía los años y todo el avión  (no sé porque) le cantamos el cumpleaños feliz. Pura coincidencia el poder felicitarte tanto por tu cumpleaños como por haber terminado tu segunda Titán, eres un crack chaval…

Y así como quien no quiere la cosa, llegamos al final del viaje, al final de esta bonita aventura porque cuando aterrizamos todos teníamos ganas de coger las maletas y largarnos para casa. Ecequiel tuvo suerte porque, al ser su cumple, allí le estaba esperando la guapísima de su mujer, Iziar….. qué envidia me disteis jodidos, el poder llegar y que te estén esperando con esa pedazo de sonrisa es increíble, cuidar bien ese pedacito tan bonito de jardín que tenéis y que es muy valioso. Nos despedimos todos con unos buenos abrazos y prometiéndonos que seguiríamos en contacto y si es posible organizarnos para poder compartir otra experiencia como ésta.

Yo también salí acompañado, pero por desgracia no tuve la suerte que tuvo Ecequiel, ya me hubiese gustado (Silvi cariño, el año que viene nos tenemos que organizar mejor que me dieron mucha envidia esto pedorros jajajajajaja). Yo me fui con el gran Odei Gil, del que creo que no he hablado durante las etapas por falta de memoria porque cuando escribo todo esto, lo escribo y ya no lo vuelvo a leer hasta que lo publicamos. Es entonces cuando me doy cuenta de que en una u otra etapa me he dejado de nombrar a alguien o no he puesto alguna anécdota que en ese momento no me vino a la mente, así que si a alguno de los que estuvisteis conmigo (muchos) no os he nombrado, no me lo toméis a mal, simplemente esta mente privilegiada no da pa más jajajajajajajaja.

Pues ahí que nos fuimos Odei, yo y mi furgo rumbo a Miranda de Arga donde dejaba a Odei, y de ahí directo para Pamplona, pongo la California a toda pastilla, parecía como cuando llega el agua de una cafetera a su estado de ebullición y sale humo y pita por todos los lados… pues eso parecía mi furgoneta… Y por fin llego a casita y ahí me esta esperando mi morenita, con una sonrisa de oreja a oreja y con un ansia increíble de que le empiece a contar todas y cada una de las cosas que he sentido y vivido durante esto seis días…….. oooooooh qué agusto por dios!!!

Parece como si hubiese estado fuera de casa un año entero, hasta se me hace extraño el pensar qué cojones voy a hacer yo mañana si no tengo que levantarme para salir con la bici, y como me voy a levantar mañana sin la canción de The Luminiers y sin Ecequiel, ni Juan Luis, Pepelu, Jorge, Abel, el resto de los participantes, y no poder desayunar con los otros 300 “ñus“ que habíamos sobrevivido, ni tomar la salida hacia un mundo desconocido, a un desierto que me ha cautivado, que me ha enamorado. Jamás hubiese pensado que un clima tan árido, tan seco, tan extremo, me iba a cautivar de la manera que lo ha hecho, y más teniendo en cuenta que yo soy más de invierno y me gusta cantidad la nieve, hacer travesía en esos días jodidos donde sería mucho mejor estar en el sofá de casa que helándose las orejas en cualquier monte por ahí perdido. Pero la verdad es que ha sido una experiencia increíble, súper recomendable, una carrera única a la que volveré, no sé cuándo pero volveré.

Todo lo que me ha dado y todo lo que he percibido de parte del desierto ha sido mucho. De hecho, ahora que ya llevo un tiempo aquí en Pamplona, os puedo decir que lo echo de menos, que en momentos me traslado con mi mente a esas etapas interminables………… y soy feliz.

Este es el mejor resumen que os puedo hacer de todo esto que os he contado.

Gracias a todos/as por leerme, espero que os haya gustado, que os hayáis divertido, y que haya sido capaz de trasladaros, aunque sea por pequeños instantes, a ese mundo mágico que hemos recorrido juntos. Hacedme caso, si podéis tener la mínima oportunidad de participar en la prueba, no lo dudéis.

 

Gracias especiales también para nuestros patrocinadores: VALSAY, MEGACALZADO y LIMPIEZAS IROTZ. Gracias por apoyarnos y hacer posible esta aventura.

También quiero dar las gracias a CONOR BIKES por habernos dejado disfrutar de estas dos maravillosas Thunder.

Un beso para todos, mucho amor, y como soy un cero para las despedidas…. COLORÍN COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO……………………… nos veremos en la próxima aventura………

 

 

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