Iñigo Larrainzar

CONTINUACIÓN ETAPA 5: 143K CON HERIDAS EN EL CULO

27 junio 2017 En Actualidad

Con la tontería fueron pasando los kilómetros y de lejos ya veía el tercer puesto de hidratación. Justo antes de llegar se juntó conmigo un chavalillo que curiosamente era el único participante que se hizo la Tiran con una bici de 26 pulgadas (con un par de narices el tío), pues bien, empezamos a charlar hasta que llegamos al puesto de hidratación en el kilómetro 93, más o menos, yo como siempre me tiré a la rueda del camión donde pegaba la sombra y empecé a beber como un cosaco. En esto me fijé que Toni «el chavalillo» no hacía más que mirarme de una manera muy curiosa, hasta que en un momento dado me pregunta si era famoso. Yo me empece a reír y le dije que lo fui en su tiempo pero que ya no. Entonces me sorprende y me dice: » tú eres Iñigo Larraínzar el jugador del Athletic, no? «, yo me quedo flipado porque no me entraba en la cabeza que un chaval que tendrá más o menos veinte pico años me reconociese en mitad del desierto y encima con el careto que yo llevaba. Pude saber que me reconoció porque tenía una colección de cromos desde hace el copetín de años y entre ellos estoy yo, cosa increíble porque conseguir un cromo mío era bastante difícil…

 

Después de descansar un rato salimos en busca del siguiente descanso, osea el siguiente puesto de hidratación, que estaba en el kilómetro 110. Cualquier otro día llegar a esa distancia quería decir que ya habíamos llegado a la meta, pero ese día sólo significaba que casi casi ahí empezaba la etapa, puesto que esos 33 restantes iban a ser una prueba de supervivencia. Mi compañero Toni que hasta el 100 me había acompañado siguió a su ritmo y tiró para delante, yo llevaba el cuerpo machacao porque ya había perdido la cuenta de los kilómetros que llevaba pedaleando de pie. Tenía los cuádriceps que no sabía ya si eran míos o los del vecino de al lado. Llevaba casi toda la etapa alternando la postura en la bici, había ratos en los que más o menos podía ir apoyado en el sillín, pero eran los que menos. El resto estaba obligado a hacerlos de pie por lo que las piernas, las muñecas, los antebrazos, los hombros y la espalda se me iban cargando a cada pedalada que daba. Estaba siendo una auténtica locura de etapa y mi cabeza no paraba de mandarme mensajes positivos, acordándome de toda la gente que estaban en casa siguiendo el puntito azul y que solo querían que siguiese avanzando hasta la meta. Sabía que si conseguía acabar esta etapa la de mañana era pan comido.

El día anterior viendo como estaba físicamente había llamado a mis padres, a mis hermanos y a mi chica Silvia para explicarles cómo estaba, y que si por un casual veían que el puntito azul se paraba y no continuaba significaría que había abandonado. Pues bien, todas esas llamadas y mensajes que recibí no hicieron otra cosa que motivarme todavía más, y aunque llevaba los patas para meterlas en una maleta y enviarlas por SEUR a Pamplona, no estaba dispuesto a rendirme tan fácilmente, y menos cuando alcancé el kilómetro 110. De nuevo bien de agua, una barrita energética y a por los últimos 33 que me separaban de la gloria. Para esas horas el calor que hacía en algunos lugares insoportable, así que antes de salir de cada puesto de hidratación mojábamos los buff con bien de agua para tener una sensación de frescura en la cabeza antes de que se secara.

 

 

Poco a poco seguí avanzando. Para esas alturas de la prueba mi cabeza ya había devorado todas las canciones de Barricada, Fito, Love of Lesbian y todos los grupos y canciones que se almacenan en mi cabeza y que me iban sirviendo de motivación. Así avance hasta que llegue al CP4, eso significaba que desde ahí hasta la meta tan sólo me quedaban 10 kilómetros. No os voy a ocultar que me dieron ganas de tirarme una llorera de la leche, pero a fin de cuentas todavía no tenía nada hecho y lo tenía que rematar, aunque ahora sí que sabía que lo iba a conseguir. De hecho fueron 10.000 metros de pura satisfacción, además me junte con un grupo de madrileños que habían ido a la Tiran por una buena causa (recaudar fondos para la ayudar en la lucha contra el cancer infantil «Titan por la unidad Cris»). Entre todos los que conformaban ese grupo de titanes estaba Chema, primo de un gran amigo mío de Madrid (Manu). Pues ya con ellos fui recorriendo esos 10 kilómetros restantes a buen ritmo y disfrutando, sabiendo que lo teníamos hecho. Manu y yo aprovechamos a repartir todas las barritas energéticas, geles y hasta los botellines de agua que teníamos entre los chavalillos que nos encontrábamos en los pueblos. Sé que no es gran cosa pero por lo menos ver esas sonrisas de los críos cuando les regalas algo te reconforta un poquillo y ves que para ellos es la leche.

Y después de 140 kilómetros interminables estábamos a 3 de completar la hazaña. Le dije a Manu que fuera con sus compañeros,  que le estaban esperando, y que disfrutara del momento con ellos. Yo necesitaba disfrutarlo solo, a mi manera, con mis pensamientos, con mis cosas. Después de todo el sufrimiento que había supuesto, no sólo esa etapa, sino todas las anteriores, todo el invierno puteao entrenando para conseguirlo, todo el frío que había pasado, todo a lo que había tenido que renunciar para estar ahí, necesitaba vivirlo desde muy dentro, de sentirlo como a mi gusta vivir las cosas, viendo como se me ponen los pelos de punta. De hecho, ahora que estoy escribiendo estas líneas , el estómago se me vuelve a hacer un nudo y los ojos se me ponen vidriosos, pues como me dijo aquel señor del que os hable en la etapa 1 «ésta es una prueba que te pone las pilas para el resto de tu vida»,  y no puedo estar mas de acuerdo con él. Si quieres conseguir algo, prepárate bien, ve a por ello y vívelo con todos tus sentidos, sólo así tendrá sentido que lo hagas. Dará igual si lo consigues o no, porque sólo el hecho de haberte dejado la piel por el camino ya será un gran triunfo personal y eso realmente es lo que cuenta, el intentarlo.

Y por fin llego a meta, no me lo puedo ni creer, he conseguido lo que en un principio me parecía un imposible. Si me dicen a primera hora de la mañana que hiciera una apuesta por mí en cualquier casa de apuestas , palmo seguro jajaja.  Pero ahí estaba, con una satisfacción indescriptible en el cuerpo y con unas ganas de darle un abrazo a todos mis compañeros que no veas.

Ahí estaban Pepelu y Juan Luis, joder, qué agradable sensación teneos ahí y disfrutar ese momento con vosotros, no sabéis como os lo agradezco tíos. Seguido de ellos, cómo no mi compañero de fatigas, Ecequiel, al que le iba a tener que aguantar toda la noche porque se había posicionado 30 minutos por delante de mí en la clasificación general de la prueba…  Te entiendo Ece, quedar por delante de todo un profesional como yo tiene mucho mérito… Después de un buen atracón de abrazos, directo a la ducha, al médico y a disfrutar de una cena llena de risas a sabiendas de que teníamos 50 kilómetros al día siguiente que nos harían acabar con honores la prueba. Esta gran prueba de vida.

Iñigo.

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