Iñigo Larrainzar

Etapa 4: With or without you

21 junio 2017 En Actualidad

Llegamos a la cuarta etapa y comenzaba la maratón. Llévate todo (saco, colchoneta para dormir, crema solar, vaselina, recuperador isotónico y todo el copetín) en la bici y en las mochilas, en fin, un lío de la leche, pero ahí que fuimos.

En esta etapa se salió a toda pastilla y la gente estaba con ganas de coger buenas pistas para ciclar en vez de andar por arena, que estábamos un poco hasta el moño ya. Llegamos al kilómetro 30 super rápido y ahí le dije a Ece que algo no iba bien. Hasta esta etapa, tanto cuerpo, como cabeza, como piernas, todo había ido fenomenal, pero ese día no sabía por qué en cada rebote que pillaba en las piedras me mataba, era un suplicio y no era normal. Así que rondando el 40 o así, mi parejita me dijo que quería parar a mear, momento que yo aproveché para revisar las suspensiones. Ahí descubrí que al colocar en la bici la colchoneta con cinta americana había dejado bloqueada la amortiguación trasera. La desbloqueé pero ya era demasiado tarde.

A partir de ahí todo fue distinto, yo intentaba ir a un ritmo pero mi culo me marcaba otro bien distinto. Con el paso de los metros las conversaciones con Ecequiel fueron a menos, quizás por el calor o quizás porque cada uno íbamos pensando en nuestras cosas, así que me dio por empezar a tararear canciones. Una de ellas era ‘With or without you’ de U2. De repente mi colega despertó de sus movidas y me preguntó si eso que tarareaba era U2 y se puso a cantar conmigo. Es una de esas pequeñas cosas que hacen que pasen los kilómetros más deprisa. Creo que los dos teníamos la esperanza de que con nuestras dulces voces se pusiera a llover un poco y así quitarnos “la caló” que llevabámos encima, dio igual porque pese a seguir cantando no tuvo el efecto deseado jajaja…

El calor seguía apretando y recuerdo que nos cruzamos con un participante que había apretado el  botón del geolocalizador para que lo fuesen a buscar, se retiraba de la carrera al no poder aguantar, falto de hidratación y de fuerzas para seguir. Se había refugiado en la estrecha sombra que le daba el único poste de luz que había en ese tramo del desierto que estábamos atravesando. Son momentos jodidos porque intentas animar para que no abandone pero cuando un participante toma esa decisión es porque su cuerpo y su cabeza no aguantan más.

Pasado el rato llegamos a mi querido kilómetro 50 y otra vez al famoso momento jamón (por Dios qué rico), esa estación de hidratación era como el chaleco salvavidas que le lazan a un náufrago cuando está en las últimas. La compañía de Enrico y todo su equipo era un regalo para todos los sentidos que todavía nos quedaban… Media hora de descanso y otra vez a darle tralla a la Thunder.

Salgo con Ecequiel a un ritmo tranquilito por unas llanuras del infierno hasta que de repente nos encontramos con una pedazo de montaña empinada que me recordaban a las que tenemos por aquí y en las que he entrenado para prepararme la Titan. Todos los participantes echaban el pie a tierra y subían empujando la bici, pero a mí se me iluminaron los ojos al ver por fin algo de chicha divertida para poner a prueba ese pedazo de piñón del 50 que lleva la Thunder.

Al ver eso me despedí de Ece y le dije que luego nos veíamos. El primer escalón de piedras es jodido de subir pero le metí un arreón a la Thunder y me lo ventilé en un pis pas. De ahí a la cima tanto la Thunder, como mis patas y mi culo respondieron al cien por cien y conseguí avanzar sorteando piedras y todo tipo de obstáculos. Al llegar arriba descubrí una bajada espectacular, en casos como éste mi cuerpo se comprime y me pongo en modo kamikaze porque las bajadas me ponen to’ loco, le pongo la amortiguación delantera y trasera a la bici y me tiro para abajo como si no hubiese un mañana. A veces tanta velocidad hace que me acojone un poquito, pero sólo un poquito, porque, entre salto y salto, la voy gozando tanto, que hasta si me la llego a pegar hubiera merecido la pena.

Una vez terminada la bajada me relajo y avanzo hasta el puesto de hidratación 3 . El calor a esa alturas del día era insoportable y se notaba en el ambiente. Todos los que íbamos llegando lo hacíamos sin apenas hablar y se notaba que las fuerzas ya no eran las de las primeras horas del día. De todas maneras llegados a este punto ya sólo nos quedaba alcanzar el cuarto paso Garmin que estaba a tan solo 10 kilómetros de la llegada, así que era cuestión de mentalizarse y sufrir como perros para intentar llegar.

La salida del puesto de hidratación la hice solo, ya que se trataba de una llanura infinita, no sé deciros cuántos metros pero a mí se me hizo eterna . Mirabas el  horizonte y te querías morir porque  la vista no alcanzaba a ver ningún destino, lo único que se veían eran unas llamas de fuego que salían de la arena y que te dejaban la moral por los suelos. Lo único que podía alcanzar a ver mi vista era un árbol solitario en medio del desierto, parecía que lo habían puesto allí a propósito, ya que se encontraba casi a mitad de recorrido entre el puesto de hidratación y el paso Garmin, así que me marque como objetivo llegar allí y descansar otro poquito. Fue una salvación  ya que ese descansillo de apenas diez minutos hizo que esos 20 kilómetros no fueran tan demoledores como a priori parecían, así que bien de agua y un chutazo de gel para los últimos que me quedaban.

A esas alturas ya no quería ni acordarme de mi culo porque eran tantas horas las que llevaba yendo de pie en la bici que no veía el momento de llegar e ir al médico. Por fin alcanzamos el último paso Garmin y de ahí directos como cohetes a la meta. Por dios qué sensación tan rica…

Como siempre en la meta me esperaba ese pedazo de abrazo tan gratificante y que se agradece un huevo de mis compañeros Pepelu, Juan Luis, Abel, Jorje, Nacho, Félix y hasta el de Ecequiel que no sé qué narices había hecho pero allí estaba, esperándome todo pincho el chaval.

Tras recuperar fuerzas un ratito me duché y llegó la hora de acudir a los médicos para que me confirmaran lo que ya me imaginaba. Se me habían abierto dos heridas en ambos glúteos (por ser fino), lo que para el día siguiente iba a ser una gran jodienda porque teníamos que afrontar la etapa mas larga con 143 kilómetros, la etapa reina como quien dice de la Titan. Pero que si la conseguía superar sabía que conseguiría acabar la prueba entero. Total que los médicos hicieron lo que pudieron, me curaron bien las heridas y me dijeron que había que esperar al día siguiente para ver como me encontraba.

Esa noche había además cachondeo en nuestra jaima, puesto que al ser la etapa maratón todos los participantes compartíamos una gran jaima común. No os podéis imaginar (por mucha imaginación que tengáis) lo que era aquello, el tufillo que se respiraba a pies-sobaco-sudor corporal era como darte un paseo por los pastos de la Ulzama el mismo día que han echao el estiércol al campo para abonar. De hecho, si el año que viene repito me he de llevar unas gafas de bucear antes de que se me vuelvan a poner las cejas verdes con semejante olor…  Además del aroma del ambiente hay que sumarle la colchoneta pinchada sobre la que tenía que dormir. Así que me iba a tocar pasar la noche durmiendo en el suelo y con el culo hecho unos zorros (manda huevos)…

Llegó la hora de cenar para reponer fuerzas y pensar en la etapa del día siguiente. Se notaba que todos estábamos entre una mezcla de expectación y acojonamiento, ya que los días se iban acumulando y el cansancio se hacía notar. Pese a todo, la hora de la cena solía ser un reparto de risas contando las aventurillas de lo que nos había pasado durante la etapa a cada uno de nosotros.

Un rato después,  llegó la hora de ir a sobar así que me enchufo los tapones (fundamentales en este tipo de pruebas), luces, besitos de buenas noches y a dormir…

Iñigo.

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