Iñigo Larrainzar

ETAPA 3: BOCATA DEBAJO DEL CAMIÓN

15 junio 2017 En Actualidad

Amanecimos al día siguiente para comenzar la 3ª etapa y nuestra sorpresa fue que nuestro titán Juan Luis, pese a haber quedado fuera de la etapa anterior, decidió salir con nosotros a volver a darlo todo.

Juan Luis iba a su ritmo, por lo que Ecequiel y yo, como una pareja bien avenida, nos plantamos en la carrera con 105kms otra vez por delante. Además los primeros 25 kilómetros eran de orientación, osea, a tu pedo por el desierto. Ecequiel preparó la estrategia de antemano con unos coleguillas suyos de Madrid, ya os he contado antes que se enrolla hasta con las piedras… y a priori estaba todo controlado, hasta que dieron el pistoletazo de salida y lo que todo estaba controlado acabó descontrolándose por completo. Aquello parecía el Serengueti, en vez de búfalos y ñus, allí estábamos unos 400 tíos atravesando dunas, pueblos y demás. Pensando en a quién seguir, porque claro, como eligieras mal, te podías dar por jodido.

Por fin alcanzamos el paso Garmin en el kilometro 25, nos costó un huevo pero lo conseguimos y de ahí en adelante fuimos los dos juntitos, como una parejita feliz. Recuerdo que yo hablaba, le contaba cosas que había hecho en la montaña, que había estado por allí y por aquí de aventurilla, haciendo travesía, escalando y tal y cual y mientras tanto recuerdo que él me contaba… nada. Tengo la sensación de que en algún momento me quiso soltar el famoso “¿Por qué no te callas?”, pero no tenía aliento para tanto. Que hablara le podía sacar en algún momento de quicio, pero el momento estelar era cuando llegábamos juntos al puerto de hidratación donde estaba Enrico.

Yo era llegar, saludar, y tirarme debajo del camión en busca de sombra, me quitaba casco, buff, zapatillas, calcetines, maillot y le veía a Ecequiel, que se quedaba a descansar al sol, dándole todo el turre. Uno de esos días que lo vi, le llamé y le dije «anda metete aquí conmigo, calamar, que te vas a cocer». Al principio se lo pensó, pero cuando decidió agacharse y entrar ahí conmigo descubrió otra manera de vivir la Titan.

Una Titan más pausada, con más calma, disfrutando de la compañía, del momento bocata, crema solar, vaselina… Creo que hasta comió un cacho de los fabulosos bocatas que mi amigo Jotas de la carnicería La Aldeana de Barañain me preparó con tanto cariño y, que al fin y a la postre, son los que me han salvado el pellejo. Era comer el bocata de jamón en mitad del recorrido y salir como un tiro a hacer los 50 restantes. Pues bien, el amigo Ecequiel vivió un día el momento bocata y el resto de días salía escopeteao a seguir con la carrera. Un día hasta le tuve que dar un medio masaje debajo de un árbol que, aunque suene un poco mal, os juro que fue un masaje.

Cuando llegamos al campamento nos enteramos de que Juan Luis había tenido que abandonar en el kilometro 50. Llegó hasta la estación de hidratación 2, llorando como un niño, tuvo que decir adiós a la competición. Las fuerzas le habían abandonado en esta edición de la Titán, pero no flaqueaba en apoyarnos hasta el último día y a buen seguro pensando ya en la edición del próximo año. Al final este es el verdadero espíritu de la Titán…

Iñigo. 

 

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