Iñigo Larrainzar

ETAPA 1 TITAN DESERT: NO TE ENTRENAN PARA ESTO

5 junio 2017 En Actualidad

Han pasado ya muchos días desde que volví del desierto de Marruecos y todavía sigo viendo en mis sueños y en mis pensamientos los momentos inolvidables que he vivido junto a otros 459 locos. Una experiencia que para mí ha sido única, vibrante, apasionante y de la que a día de hoy me cuesta ponerme a recordar y a hablar de ella sin emocionarme. Unas veces se me escapa una sonrisilla, o una carcajada recordando los momentos por los que hemos tenido que pasar.

Creo que todos estos sentimientos, nos acompañan a todos los que hemos disputado la prueba, ya sea los que conseguimos acabarla, o los que disputaron media, una, dos o las etapas que fuesen. Porque casi con el mero hecho de estar allí y sumergirte en aquel paraíso a luchar contra ti mismo y contra todas las adversidades del camino, el mérito junto con la satisfacción de haber participado en esta titánica batalla físico mental está más que conseguido. Recuerdo nuestra llegada al aeropuerto que comparado con el que tenemos en Pamplona, bien podría ser el nuestro la terminal principal de Heathrow.

Se abrieron las compuertas del avión y creo que ahí me di cuenta realmente de donde nos habíamos metido. Eran las 10A de la mañana y el calor que hacía acompañado del tremendo sol que lucía era para echarse a temblar. Y eso no fue nada comparado con la llegada al hotel, todo muy bonito y muy bien preparado, hasta cuando te dicen que el alojamiento está en uno de los laterales del recinto y que tu cuarto es el número 102.

Arrastras la maleta por un sinfín de pasillos repletos de jaimas hasta que das con la tuya. Recuerdo el momentazo de meterme dentro y descubrir el tostadero donde íbamos a tener que pasar los próximos 6 días. Pero eso no fue lo mejor, lo más espectacular sucedió cuando entraron mis compañeros de aventuras y desventuras, Rafa y Víctor. Arrastraban seis maletas y la cara de poema que se les quedó cuando vieron los magníficos colchones donde íbamos a dormir es inenarrable.

Lo único que Rafa acertó a decir fue: “¿aquí vamos a tener que dormir?”, mi carcajada fue tan sonora que estuvo a punto de pedir una habitación en el hotel. No sé yo, pero me imagino que apenas le dio tiempo a ver vídeos del sitio al que íbamos y en qué condiciones nos íbamos a encontrar durante toda la semana. Poco a poco sacamos lo imprescindible de las maletas para no estorbarnos mucho, el espacio era muy reducido y aparte de eso tienes que andar con mucho cuidado porque si te despistas un poco acabas con el colchón y la maleta llenas de crema solar. Y es muy desagradable. A día de hoy sigo con crema en la maleta.

Pasaron las horas y tocó ir a cenar, pronto porque había que ir temprano al colchón para por lo menos estar descansados. Al día siguiente corríamos la primera de las seis etapas y había mucha tela que cortar. El primer día fue muy duro y muy largo ya que nos levantamos a las cuatro de la mañana, así que estábamos reventados del todo. La noche no fue muy larga, entre el calor que hacía y el gusanillo porque todo empezara y saliera bien.

Etapa 1

A las seis de la mañana empezó a sonar la canción de ‘The Lumineers’ Ho Hey con la que nos despertaban todos los días. Me encantaba oírla y salir de la jaima para ver como se activaban todos los participantes. Estaba todo el mundo enchufado desde primera hora, con un buen rollo en los semblantes que era de alucinar.

Estábamos todos a dos horas de comenzar la gran aventura y se podía oler en el ambiente la excitación de todos y todas las participantes. Ese día cada uno fuimos a nuestro ritmo antes de la carrera, unos directamente a desayunar, otros directamente al tigre a gestionar nervios y tripas.

Ese día en el desayuno me senté por azar en una mesa en la que había dos señores mayores, a uno de ellos ya lo había visto en el avión en el viaje de ida y me había llamado la atención el buen semblante, su actitud, su porte, el típico señor de entre 60 o 65 años que me junto por el monte o haciendo travesía y los admiro, para mi son siempre una referencia ante la vida, un espejo en el que me quiero mirar cuando llegue a su edad y poder estar como ellos. Será señal de que he cuidado bien y que he estado haciendo cosas que me han divertido y me han aportado mucha energía positiva.

Pues bien, estaba con estos dos señores y empezamos a hablar. Resulta que los dos eran verdaderos especialistas de la Titan, uno llevaba 8 y el otro 7. Entonces les pregunté: “¿algo tendrá esto del desierto si llevan tantos años repitiendo, no?”, el señor del avión se me quedó mirando y me dijo: “nunca vas a hacer algo parecido a esto. Esto es una prueba para la vida, te pone las pilas de una manera que no lo puedes ni imaginar”. Estas palabras y esa mirada de cuando me lo estaba diciendo las sigo viendo como si me lo estuviese diciendo al oído ahora que estoy escribiendo estas letras.

(Creo que fue en la tercera jornada cuando en el briefing de esa noche el hombre se convirtió en un Titán Legend, distintivo que se otorga al que consigue superar la friolera de 3500, 5000 o 10000 kilómetros luchando año tras año con las dunas, el viento y el calor)

No me puedo imaginar las horas y horas de sufrimiento, de satisfacción, que habrá sentido este hombre a lo largo de esos siete años, pero lo que estoy seguro que a día de hoy es un hombre completamente feliz con lo que hace en su día a día y que en su mente siempre mantiene viva esa ilusión por volver a vivir otra experiencia distinta cada año en el desierto, que seguramente le de fuerzas el resto del año.

Después de haber desayunado bien, llegaba el turno de coger nuestra ‘Thunder’ ese pedazo de bicicletón que se han currado nuestros amigos de Conor Bikes para esta edición de la Titan Desert. Nuestros mecánicos Nacho y Félix estaban tan nerviosos y motivados como nosotros cuando se acercaba la hora de la salida. Félix se ha encargado de que todo esté en su sitio, la biomecánica, la presión de las ruedas, las calas, los repuestos en caso de imprevistos…

Sólo me queda volver a la jaima con la bici y enfundarme el maillot y el culotte que nuestro amigo Ecequiel se ha currado para la ocasión con nuestros patrocinadores a la cabeza: Valsay, Megacalzado e Irotz Limpiezas Técnicas. Mil gracias por hacer posible que podamos vivir la aventura con nosotros, habéis estado ahí, en mi mente, en cada momento de tortura al que hemos sido sometidos.  Habéis sido un aliciente más a la hora de afrontar los malos momentos por los que hemos pasado cada jornada, habéis sido una excusa más que tenía en mi cabeza para no bajarme de la bici y abandonar. Porque os aseguro que hubo momentos en los que surgen dudas y se te pasa por la cabeza dejarlo todo y volverte a casa con tu familia.

En fin, que ya vestido de torero, como diría aquel y al turrón. Bien de vaselina por todos los lados y para la salida. De repente me doy cuenta de que estoy solo y mi mirada no hace otra cosa que mirar y mirar a ver si encuentro a alguno de mis compañeros. Ecequiel y Víctor a buen seguro estaban en posiciones adelantadas y yo que soy de tomarme las cosas con mucha calma me quedo bastante rezagado. De repente, de entre los 400 y pico participantes veo aparecer a mi amigo Rafa y la sensación de alivio es descomunal. El sentirte acompañado ante tanta incertidumbre es una sensación muy chula, los vínculos de amistad se hacen todavía más fuertes entre los que estábamos a punto de comenzar.

Las sensaciones en la línea de salida eran la leche. La música encabezada por la canción de Thunder de ACDC a toda pastilla te ponía los pelos de punta, el estómago te apretaba un poquito más si cabe con tantos nervios, hasta que el speaker da el bocinazo de salida.

La emoción la podía sentir en mis ojos, que se me hacían pequeños y se ponían vidriosos, a punto de soltar alguna lagrimilla. No había hecho más que comenzar y ya se me venía a la mente toda mi familia, mis padres, mis hermanos, mi queridísima Silvia, todos ellos iban a estar pendientes toda la semana de un puntito azul en un pantalla de ordenador. Animando al punto, para que no dejara de moverse, notaba el aliento de todos ellos en el cogote. Para hacer un kilometro más, y otro más hasta llegar a la meta, mis amigos, como los hermanos Mateo, Emi y Josema, con su compañía en largos entrenamientos, gracias por acompañarme. Hacíais que con nuestras risas los entrenos fueran mucho más divertidos. Sólo estas personas saben lo duro que ha sido el pasado invierno para mi.

Antes, cuando veía un ciclista en invierno, entrenando con viento, lluvia, temperaturas bajo cero, condiciones asquerosas, me decía a mi mismo “pero qué leches hace ese tío, con lo bien que se está en casica”. Pues bien, todo esto es lo que me ha tocado vivir en mis carnes desde que el pasado junio mi amigo Víctor Vidal me propuso apuntarnos a esta bendita locura.

Víctor ha sido el artífice de todo esto, el que se ha encargado de convencernos, conseguir los patrocinadores, diseño de los equipos y de toda la organización. Pero sobre todo, de la cosa más bonita que se le podía haber ocurrido y es el vinculo de una acción deportiva con una acción social. De esta manera conformó un equipo compuesto por Jorge Sanz (entrenador personal y preparador físico del Movistar, una verdadera máquina sobre la bici), Rafa Alkorta (ex futbolista, compañero, amigo y ahora socio en Dragoon junto a Víctor y Ecequiel Barricart), Víctor Vidal del que ya he hablado, Iñaki Rey (otro máquina al que una neumonía de ultimo hora dejo postrado en la cama y no pudo acudir a la cita) y el manda que escribe este cuento…

Teniendo ya el equipo, Víctor se propuso y lo consiguió hacer, una acción benéfica con la Asociación Navarra Nuevo Futuro para la cuál conseguimos a través de nuestros patrocinadores bicicletas solidarias que fueron entregadas a los menores de dicha asociación. Para que los niños las disfruten y si además se les enciende el gusanillo del deporte sobre una bicicleta, pues mucho mejor.

Pues bien, que sepáis que todos los días os imaginaba en vuestras casas, en vuestros trabajos, metidos en la app. de la Titan siguiendo la mancha azul de dorsal 353 moverse de un lado para otro hasta conseguir la gloria en vuestras pantallas. Ese día, el primero, fue increible, salí con Rafita, a nuestro ritmo, y eso que era dificil, porque la mayoría de la gente salia disparada, parecían todos jabalíes heridos. No sé si tenían prisa por acabar o es que quizá habían quedado con alguien en la otra punta del desierto… risas.

(Continuará…)

Iñigo

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