Iñigo Larrainzar

DIARIOS DE LA TITAN DESERT 2017

1 junio 2017 En Actualidad

¿Cuántas veces has pensado en poder vivir una aventura inigualable? ¿Alguna vez has pensado en salir de tu zona de confort? ¿Cuántas veces has pensado en dejarlo todo y poder hacer algo, aunque sólo sea por unos días, que te transporte a otro lugar, a otro tiempo?

Sucede a veces que la propia vida te sorprende, lo único que tienes que preguntarte es si estás dispuesto a ser sorprendido. Vivimos en una sociedad en la que es difícil tirar del freno de mano, parar un minuto o unas horas y permitirte el placer de pensar en ti mismo, en divagar en lo que te gustaría hacer, algo fuera de lo normal, factible, accesible, pero fuera de lo normal.

El caso es que he viajado más o menos mucho. He hecho viajes sobre todo de ocio, y otros en los que he mezclado el ocio y la aventura, con la visita obligada a los sitios. Pero si en algo siempre ha insistido mi pensamiento ha sido en el afán de descubrir. Descubrir es una palabra que me encanta. Descubrir lo tiene todo, puedes descubrir lugares, sabores, colores, culturas, nuevos deportes… pero si algo me nutre y me llena internamente es descubrir personas.

Si tienes la cabeza dispuesta y tu corazón limpio, estarás por lo menos en disposición de plantearte nuevos retos, nuevos cambios, nuevas experiencias, nuevos sentimientos que te harán crecer como persona y te harán estar mejor contigo mismo. Esto ha sido una constante en mi vida: parar-observar-preguntar-ser sincero-descubrir.

Las experiencias que he vivido no siempre han sido buenas, pero de todas las buenas y las malas siempre he aprendido algo que me ha llevado a mejorar en muchos aspectos de mi vida. He podido viajar y conocer lugares y culturas diferentes a la que tenemos aquí y todas me han sorprendido, casi siempre, para bien. Todas ellas las he vivido a la máxima intensidad y siempre me he dejado sorprender por los lugares y sus gentes. Además no soy persona de planificar mucho mi siguiente parada, así que puede decirse que dejo que me lleve la corriente. Creo que esta es una manera de integrarte y de vivir de manera más emocional y sensorial los viajes.

Los días que he pasado en esta última aventura, porque para mi era más que una carrera, me lo he tomado como una auténtica aventura, me ha tocado hasta muy dentro. Hasta ahora había vivido sobre todo aventuras de montaña, ya fuese escalando, haciendo monte, o haciendo travesía. He visitado lugares increíbles, como las islas Lofoten en Noruega, hice la travesía de la Silvretta en Austria, he escalado en Kalymnos (Grecia) y en otros muchos lugares.

Y cuando piensas que nada, absolutamente nada tendría el poder de sorprenderte, y menos un viaje en bicicleta por el desierto, va y te das cuenta cuando vuelves a tu hogar, a tu zona de confort. Te das cuenta de que algo en ti ha cambiado. Algo se te ha removido por dentro. Jamás había estado en el desierto, ni tan siquiera había estado en Marruecos, ni en África. Lo más cerca que he estado del continente africano han sido las playas de Lanzarote y Fuerteventura. Jamás había estado tan en paz, tan a gusto, tan sincero, tan humano.

Descubrir el desierto con toda su inmensidad, casi tan grande como la soledad que se siente cuando estás horas y horas sólo divagando sin saber cuándo llegarás o si llegarás simplemente a tu destino.

Sé que a muchos y muchas os sonará cursi y que estoy flipando, pero os aseguro que no es nada de eso. La soledad, la nostalgia, la amargura de algunos retos, las largas horas sobre la bicicleta repasando tu vida entera, apretando los dientes cuando han venido mal dadas y exprimiendo una sonrisa de oreja a oreja cuando recordaba los buenos…

Ha sido una experiencia tan gratificante, tan bonita, tan descubridora, tan sorprendente, que durante seis días he sido feliz. Feliz sufriendo, porque las he pasado más putas que Caín, pero feliz por compartir con unos cuantos amigos y otros 450 titanes más, una experiencia irrepetible. El año que viene habrá otra, pero será diferente y probablemente nosotros también.

De esta aventura me quedo con todo. El lugar es inenarrable. Siempre les digo en casa cuando llego de un viaje y piden que les enseñe fotos, les digo que las fotos no reflejan lo bonito del lugar. Es imposible porque la foto no consigue tener la expresividad del lugar en sí. La carrera es bestial, jamás había hecho nada tan exigente como lo ha sido esta prueba. Aparte de los kilómetros en bici, luego hay que sumarle las condiciones, tanto climatológicas, como las de descanso, las de aseo, el cuidado con lo que comes…

La suma de todo esto hace que se convierta en una carrera de una dureza extrema. En vez de Titan Desert se debería llamar la Titan Extreme. El tiempo de la competición, seis días seguidos que son una tortura para el cuerpo, te va minando día a día como si fuese un martillo pilón. 100 kilómetros diarios hacen que hasta el más preparado acabe muerto, si acaba, porque mucha gente se queda por el camino.

 

Descubriendo grandes almas

Si con algo me quedo de esta experiencia, es con las personas, con las relaciones humanas, con los vínculos que se tejen y estrechan. Con personas a las que a veces las acabas de conocer. He hecho grandes descubrimientos y también algún que otro redescubrimiento. Poder compartir esta experiencia con gente como Pepelu, al cuál conocí un par de días antes, en la agencia de comunicación de Ecequiel Barricart, con él he compartido cosas que solamente se comparten con personas con las que se siente un feeling especial. Gracias amigo por escucharme, cuidarme, por darme los ánimos necesarios cuando las fuerzas flaqueaban. Y sobre todo gracias por aquel gran abrazo que compartimos nada más pasar la línea de meta. A gusto.

Otro gran descubrimiento ha sido Juan Luis Azcona, un auténtico titán, donde los haya que más adelante os relataré por qué. Gracias amigo porque aún estando jodido como estabas, siempre estuviste con una predisposición increíble hacia los demás. Risas y aprendizaje mutuo, de esos que alimentan el corazón.

Víctor, qué voy a decir tío. Todavía me estoy dando cabezazos desde que me dijiste que te retirabas. Sufrí por ti y contigo. Porque sé lo que significaba esta aventura para ti. Seguro que vendrán muchas más.

Rafa, amigo, fue cortito, pero lo disfruté como un enano. Tenerte cerca siempre es sinónimo de pasarlo bien, así que vendrán tiempos mejores. Ahora toca remar contra corriente y tienes un buen equipo que te ayudará en lo que sea.

Jorge, me recuerdas a los espartanos, qué manera de vivir la competición, siempre super motivado, meticuloso, concentrado, pero también con esa pizca de picarón que tienes. Un gustazo el haber estado a tu lado y compartir la aventura de mi vida. El año que viene si quieres te hago la liebre, jajaja.

Y por último, el re-descubrimiento, Ecequiel Barricart. Ece es un tipo especial, está entre lo genial de una persona adulta que tiene las ideas super claras y la ingenuidad de un chiquillo cuando le toca compartir aventuras como la que hemos vivido juntos. Me lo he pasado teta contigo, tu faceta más humana es muy grande y la he disfrutado a tope. Tú sabes de lo que hablo cuando te hablo de soledad, de la soledad del desierto. El encontrarte contigo mismo y poder mantener conversaciones con tu yo interior. Es un placer que pocos tienen, la valentía y el coraje de hacerlo. Además ha sido un placer enseñarte técnicas de supervivencia por si algún día se te ocurre ir a dar un paseo por el monte. Ya sabes, esencial para la noche una botella de agua, si puede ser de litro, unos tapones para dormir y por último una buena piedra, o si no, un helecho en su defecto, jajaja… para tú ya sabes qué.

Si después de leer todo este rollo te has quedado con ganas de más, iré publicando cada etapa de las 6 que fueron en un post específico, ¿me acompañas?

Gracias a todos, de todo corazón,

Iñigo.

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